¿Qué es la ciencia?


Ciencia es evidencia.

El conocimiento científico tiene como fin dar una explicación al universo, dar respuestas reales al problema del funcionamiento y estructura de la naturaleza. Es nuestra capacidad racional y cognitiva puesta en práctica, gracias a las que logramos comprender y explicar la sublime belleza de todo cuanto nos rodea.

¿En qué nos basamos para afirmar que la ciencia nos da evidencias que difícilmente podremos hallar fuera de ella?

Se basa en el método científico, un modo de llegar al verdadero conocimiento, que comienza con la observación y llega hasta la elaboración de una teoría universal, pasando por la formulación de hipótesis, la investigación que refutará o dará validez a dicha hipótesis y la extracción de conclusiones basadas en comparación y análisis de los datos adquiridos experimentalmente.

Como vemos claramente, es un proceso racional y coherente que explica de dónde procede cada afirmación y nos da, de esa manera, un conocimiento real de lo que los hechos son.

Además, una característica fundamental de esta fantástica herramienta es que está en constante cambio, en constante mejora. Aun habiéndose utilizado una misma teoría durante siglos, desde el momento en que se muestra que para un hecho determinado no tiene explicación, se desecha dicha teoría en pro de sus posibles mejoras.

La historia del conocimiento humano dio un giro abismal cuando, allá por el siglo XVI, la ciencia y el conocimiento racional consiguieron recuperar protagonismo y se lanzaron vertiginosamente hacia la apasionante búsqueda de lo que, como humanos, nos es esencialmente propio: la comprensión de nuestro entorno.

La ciencia nos da una manera revolucionaria de mirar al mundo. Gracias a ella, nuestra visión del cosmos ha cambiado de forma abismal, y poco a poco aprendemos que la realidad, el Universo, es un mar apasionante de conocimiento, experiencias y admiración, en el que apenas hemos comenzado a navegar.

Cada una de las partículas que nos forman, cada parte de nuestro cuerpo, cada ser humano que día a día abre sus ojos a un nuevo amanecer, cada una de las especies que se alzan sobre la superficie de nuestro planeta, y cada cuerpo que vaga sin destino sobre la red del espacio y el tiempo, constituye una fracción pequeña, pero fundamental, de este Universo en el que apenas hemos comenzado nuestro viaje.

¿Acaso disponemos de un mejor método que el que la ciencia nos aporta para aprender a ser conscientes de cuál es nuestro lugar en él? Las evidencias muestran que no.

Rubén Lijó

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